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Los piratas y corsarios
Torre dels Perpinyà

 Desde el siglo XII y hasta el siglo XVIII, nuestras costas sufrieron constantes ataques de naves piratas y corsarias. Durante este largo período, estos personajes atemorizaron a nuestra población y dejaron una huella aún perceptible en la memoria popular (leyendas y cuentos), la arquitectura (torres de vigilancia) y el urbanismo (posición de los pueblos).
 Los denominados piratas eran los que actuaban por su cuenta; trasladando el concepto a la época actual, podríamos decir que eran empresas privadas ilegales que atacaban indiscriminadamente. Cualquiera que tuviera una nave y ganas de cometer robos, raptos y otros excesos malévolos podía ser un pirata. En cambio, los corsarios, aunque actuaban como los piratas, lo hacían con el beneplácito del Gobierno de un país.
 La lista de los ataques perpetrados por estos personajes en nuestras costas es muy larga. Lo que buscaban eran principalmente riquezas y cautivos (para obtener rescates por ellos o para hacerlos esclavos) y, desgraciadamente, eran famosos por el rastro de muerte y devastación que dejaban a su paso.
Este hecho motivó que muchas de las localidades de la costa se situaran unos kilómetros hacia el interior al objeto de poder huir ante la llegada del enemigo o de tener tiempo de preparar la defensa: son los casos de Torroella de Montgrí, Palafrugell y Calonge, entre otras poblaciones. En los siglos XVI y XVII, para protegerse de estos ataques se construyeron en toda la comarca las denominadas torres de moro o de vigilancia.
Las torres de vigilancia, construidas cerca de la costa, servían para vigilar la llegada de cualquier barco, y desde ellas se avisaba a las gentes de los pueblos o masías mediante mensajeros o señales. Muchas casas de labor situadas cerca del mar se fortificaron y en las mismas se construyeron torres para albergar a sus habitantes y sus riquezas durante los ataques.
El rapto de hombres, mujeres y niños era un negocio muy lucrativo para los asaltantes, que, si podían, pedían un rescate. Los documentos de la época están llenos de referencias a estos rescates. De hecho, la Iglesia y los señores permitían la recaudación de limosnas públicas para recoger dinero destinado a liberar a los prisioneros y ayudar, así, a sus familias, que en muchos casos tenían economías de subsistencia y no podían pagar. Si el rescate no se entregaba, los cautivos eran vendidos como esclavos en los mercados norteafricanos, turcos o incluso europeos.
Hasta nuestros días han llegado numerosas torres de vigilancia que embellecen la fisonomía de nuestra costa y que son un recuerdo de lo que en otra época sufrieron las gentes de la comarca.


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